En alguna no distante ocasión meditaba sobre que sucede cuando tu rumbo se convierte en una inevitable, descolorida y nauseabunda vía hacia ninguna parte; cuando tal parece que el mundo se olvidó de tí, y tu vida se vuelve una aburrida rutina de la cual no quisieras formar parte. Cuando tu pequeño círculo de amigos es inversamente proporcional a las responsabilidades que ahora tienes. Cuando la soledad por fin se apodera de tí y empiezas a extrañar el amor, los amigos, la escuela y a los tuyos. Cuando al fin estallas ante todo esto e imploras una tregua a la nada.

Pasa el tiempo y descubres pues, que al fin la vida se ha cansado de escupirte y pareciera que todo se ha aburrido de tí. Es ese momento cuando finalmente conoces a aquella persona que te atrapó desde la primera vez que la miraste, desde el primer suspiro que te robó. Aquella persona que jamás conociste mejor con tantas cosas en común, que te hacía reir y que pensabas duraría por siempre.

Y ahora te encuentras recordando aquella tarde donde agitaste la mano al viento, despidiéndote de ella y pensando todavía si algún día volverá.

Te ciegas al mundo y no quieres ver las nuevas oportunidades que la vida te presenta, por esperarla. Es cuando al fin ves a esa extraña persona que te quita el sueño con solo mirarla, que te gusta y que al final de todo este asunto descubres que también le gustas, pero que eso implica comenzar de cero.

Y al final descubres que el difícil camino del que tanto te mortificas y quejas, que las vendas que te atas para no ver la realidad, que los candados que blindan tu corazón...te lo trazas tú mismo, y eres tú mismo quien debe echarlos a la basura pues solo implican un atraso para alcanzar tus objetivos de cualquier índole. Que basta voltear a cualquier lado para darnos cuenta que nuestros problemas son nada si los comparamos con los demás; y que estamos perdiendo lo más valioso que podemos tener en cualquier momento: La libertad, por atarnos a un, a veces simple y vago, recuerdo.

Y aunque personalmente creo que ya pasé por esa etapa, todavía me despierto pensando en un futuro incierto de donde estaré mañana, más hoy ya no me preocupa, ni me quita el sueño, aunque...
... te extraño, no puedo evitarlo.